(00 56 9) 7-4929524 ![]()
info@encuentroconlasemociones.com ![]()
Av. Hernando de Aguirre 194, Of. 51, Providencia
¿Alguna vez has sentido que quieres decir algo que te molesta y te da miedo decirlo? Y cuando consigues decirlo ¿No obtienes lo que buscas?
Uno de los mayores problemas que aqueja a las personas es el no saber comunicarse. Muchas veces queremos decir molestias, manifestar nuestras necesidades y raramente o incomprensiblemente obtenemos el resultado contrario, que no nos escuchen o que recibamos una queja de vuelta, una indiferencia o a veces lo más paradójico, que terminemos pidiendo disculpas por ello…
Por esta razón ¿Debemos vernos como víctimas? No, para nada, nos toca aprender algo nuevo.
Gran parte de esta problemática y de muchas quejas en psicoterapia se debe a que no sabemos comunicarnos y uno de los más grande errores que comentemos es que tendemos a responsabilizar al otro de nuestras emociones.
El arte de la comunicación no es un tema que podamos aprender de una sola vez, al contrario, es un largo camino de aprendizaje y supongo que es algo que siempre estaremos corrigiendo, pero a la vez estaremos creciendo y empoderándonos cada vez más de nuestras decisiones y de nuestras maravillosas emociones.
Como en alguna otra parte he dicho, todo lo que se aprende, se pude desaprender y si no sabemos comunicarnos, es porque tal vez no nos lo han enseñado y a las generaciones pasadas tampoco. Puede que estemos insertos familiarmente en una dinámica de comunicación que no es sana; esto luego se lleva a las relaciones de amistad, de pareja y por supuesto al trabajo. Por esta razón es tan importante aprender a comunicarnos, porque en la medida que lo consigamos, nuestra vida mejorará en todos los ámbitos, probablemente viviremos menos conflictos y si los tenemos, pues los resolveremos mejor, con menos desgaste.
En este tema no es bueno empezar a buscar culpables, porque si no nos han enseñado a comunicarnos de manera sana, puede que a los nuestros tampoco se lo hayan enseñado, por esto para mí es tan importante que nos hagamos responsables de nuestra felicidad, porque está en nuestras manos aprender nuevas fórmulas para estar mejor.
El primer punto que se me viene a la mente es un fenómeno que es tan común y tremendamente dañino para nuestra autoestima y nuestro equilibrio: La culpa.
¿Cuántas personas no son capaces de decir lo que sienten por sentirse culpables? ¿Cuántas veces te has detenido a dar tu opinión porque no sabes como lo tomará la otra persona? ¿Y si se enfada conmigo? ¿Y si lo/la hiero? ¿Y si se ofende? ¿Y si.. y si.. y si..?
Muchas veces no decimos lo que pensamos por el sentimiento de culpa, pero es más complejo que eso; también muchas veces, tememos a perder el afecto de los demás, sin embargo, no nos preguntamos porqué los demás pueden decir lo que sienten o en algunas ocasiones pueden atacarnos y no pierden nuestro afecto. Nos enojamos, nos frustramos, pero no dejamos de querer, no dejamos de estimar a alguien y si alguien te ha hecho creer que si dices lo que sientes corres el riesgo de perder su estima, pues eso no es así, eso no tiene que ver con los afectos, eso se llama “manipulación” y esto es parte más bien de la dificultad de la otra persona en escuchar que de lo que estás diciendo.
En otras ocasiones, decimos lo que sentimos pero obtenemos lo contrario.
Cuántas veces nos hemos preguntado: ¿por qué no puedo decir lo que siento y cuando lo digo me va peor? Si te ha pasado alguna vez, no te preocupes, es mucho más común de lo que crees.
El principal problema en esta ocasión es que cuando nos animamos a decir lo que sentimos, muchas veces lo hacemos cuando explotamos, por lo tanto, de nuestra boca puede que salga más una agresión que una declaración de necesidades.
En estas ocasiones escogemos el momento para decir algo cuando ya no podemos más. Somos como una olla a presión, cuando el vapor no puede más por dentro, hace una ebullición que sale el vapor con una tremenda fuerza, pues esas pueden ser nuestras palabras, el calor de ellas y la intensidad con las que se dicen.
Me pregunto: ¿qué pasa cuando a nosotr@s alguien nos dice sus necesidades a través de gritos e insultos? (olla a presión) ¿Cómo reaccionas? ¿Lo escuchas? ¿O te defiendes frente a un ataque?
Por lo menos en mi caso, si alguien me dice algo que le molesta a través del ataque, pues probablemente yo no le escuche, más bien estaré pendiente de mi defensa personal, de no estar dispuesta a recibir insultos ni gritos ni ningún tipo de agresión, de esta manera, el otro obtiene el resultado contrario, probablemente me termine pidiendo disculpas en vez de yo haberle escuchado. ¿Te ha pasado alguna vez esto?
Esta situación se debe fundamentalmente a que cuando queremos decir lo que sentimos, responsabilizamos al otro, es decir, utilizamos el “por tu culpa”, “por lo que me hiciste”, “por ti estoy así…”. Y a pesar de que muchas veces, nuestro sentir es consecuencia de los actos de los otros, las emociones son nuestras y cuando te decides a hablar pero atacas con el clásico “porque tú…” probablemente el resultado de esta conversación obtengas lo inverso a lo que esperabas.
Cuando atacamos con el “porque tú…” primero, no nos estamos responsabilizando de lo que sentimos y segundo, le estamos dando una vía de escape a la otra persona, es decir, en vez de escuchar la razón de nuestra molestia, se irá por la tangente y se dedicará a defender de un posible ataque más que de asumir su responsabilidad en el tema y por supuesto, eso no sería justo. Entonces ¿cómo lo hago para poder decir mi molestia y no obtener el resultado contrario?
Hay esperanza, siempre se aprende algo nuevo…Hablar desde el YO:
Por ejemplo, cuando tu pareja llega tarde a una cita y no te avisa con antelación, lo más normal es que le reclames diciendo: “¡Tú siempre haces lo mismo! ¿Quién te crees que eres? ¿Qué te crees que mi tiempo no importa?”. O en el peor de los casos, no dices nada, para no pelear y así no arruinar la velada…
Mi sugerencia desde las técnicas asertivas es primero hablar desde el Yo y esto se haría así:
“No me gusta esperar, no me siento respetad@ cuando quedamos a una hora y no llegas”. “Mi tiempo es importante y me siento frustrad@, enojad@ cuando eso no se respeta” o lo que mejor se acomode a ti, pero lo importante es decir: “Yo siento, me pasa esto, no me gusta…” en vez de: “”Tú me haces esto, por tu culpa, eres un/una #@$%&…”.
Nadie puede discutir lo que sentimos, porque son nuestros sentimientos y aunque la persona lo más seguro es que no tenga intensión de hacernos sentir así, no obstante, es así como nos sentimos.
Entonces con este modo de decir tu molestia, probablemente la otra persona te escuche y tome conciencia de lo que pasa en vez de defenderse (que estaría en todo su derecho frente a un ataque), por lo tanto, se hablaría del problema y de sus consecuencias y no de otras cosas.
Alguien puede estar pensando, “uff, yo haría esto pero mi amig@ o pareja igual no me escucharía”, pues el problema ya no sería tuyo, porque hagas lo que hagas, si la otra persona no quiere escuchar, no lo hará y eso no es tu “responsabilidad”, eso ya tiene que ver con la responsabilidad y dificultad del otro.
Ahora puede que alguien esté pensando “pero yo quiero me escuche!!”, ahí nada más me queda decir y sugerir ya que no podemos hacer responsable a los otros de nuestras emociones, de igual manera nosotr@s tampoco nos debemos hacer cargo de las emociones de los demás, ya que cada uno debe resolver el porque no quiere escuchar.
Otro detalle importante, referirnos al hecho en concreto evitando la tendencia a elucubraciones.
Del ejemplo de la impuntualidad, tal vez normalmente nos referiríamos al tema así: “Yo no te importo nada, te da igual lo que piense”. Pues estamos polarizando un hecho de impuntualidad a la vida completa. Probablemente en este caso, la pareja que llegue tarde no lo hace porque no le importa “nada” la otra persona, sino porque tiene problemas con la “puntualidad”, entonces no es un/a inconsciente, es un/a impuntual.
Acerca de lo que comenté antes, hablar desde el Yo, podemos hacer una fórmula más completa, ya que muchas veces no basta decir sólo como nos sentimos, si no que también nos gustaría pedir un cambio (que no llegue más tarde a nuestras citas).
Dentro de los problemas de comunicación muchas veces creemos que los demás deben suponer lo que queremos y si no lo hacen, creemos inmediatamente que es porque no nos quieren o no nos aprecian lo suficiente, si crees eso, no te preocupes, es un error cognitivo más común de lo que crees, pero tengo buenas noticias que nos podrían ayudar para aminorar esos sufrimientos que están demás.
Sí, no somos adivinos, no podemos adivinar lo que piensan los demás y los demás no pueden adivinar lo que queremos o lo que pensamos.
Por ejemplo: Muchas veces decimos “Me gustaría que me demostraras que me quieres” y creemos que con esa frase basta. Pues puede que para tu pareja el demostrar que te quiere es decir “te quiero” y para ti es que te ayuden con lo doméstico o que te den de vez en cuando un detallito, como regalo en tu aniversario. Pero si nunca se lo has dicho a tu pareja ¿Cómo esperas que lo sepa? ¿El o ella es mal@ porque no sabe lo que realmente te gusta?
Podríamos suponer que tu pareja debería saber esas cosas si dice que te conoce tanto, sin embargo, yo invito a suponer menos, por lo tanto, a sufrir menos y a comunicar más. No obstante, no hay que olvidar que el otro también tiene derecho a decidir que hacer, pero ya está de sobre aviso lo que para ti es importante y lo que te hace feliz.
En el caso de las quejas hay una fórmula que es muy eficaz, se llama DEPA:
Esta fórmula ayuda a graficar como podríamos abordar una situación que nos molesta, como decirlo y como pedir un cambio.
DEPA

Tal vez suene paradójico, agradecer cuando la otra persona en este caso ha llegado tarde, sin embargo, este agradecimiento no tiene que ver con el hecho en sí, si no más bien con el espacio para hablar del tema y para poder hacer un posible cambio, ya que la modificación la debe hacer el otro y es decisión de ella o él hacerlo, pero para nosotros es importante que se realice.
Esto es una breve (aunque no tan breve) introducción al arte de comunicarnos, en próximas publicaciones profundizaré más acerca de este tema y de técnicas en concreto para poder aprender nuevas herramientas para vivir mejor.
Como ya lo he mencionado, creo que no sólo reconocer cuales son nuestras dificultades es de vital importancia, también es importante aprender nuevas formas para además de comprender, llevar a la acción estos aprendizajes y conseguir por nosotr@s mism@s el tan anhelado bien estar.
Invito a continuar la próxima semana hablando de este tema e incluso si tienes preguntas o comentarios al respecto, estaría encantada de recibirlos, porque este espacio está para eso.
Tenemos derecho a ser felices y lo mágico, nosotros podemos gestionar nuestra felicidad.
Yohanna Rallo Olavarría, Ella.
Psicóloga clínica, relatora de Habilidades Directivas.
Hernando de Aguirre 194, Of. 51, Providencia
(0056 9) 7-4929524
info@encuentroconlasemociones.com
Claro y conciso. Ya hay pocos blogs así. Enhorabuena.
adela torres
psicóloga
Muchas gracias por tu opinión… me das ánimo para el siguiente, un abrazo
Totalmente de acuerdo…Muy bien! Suerte para el siguiente! Un abrazo!
Fani Mantopoulou, Psicóloga, Grecia.
Gracias Fani, que bien verte por aquí.
Muy bueno y en un lenguaje sencillo, perfecto.
Me alegro mucho que te haya gustado y sobre todo, que se entienda… es la idea. Espero que te guste el próximo que ya lo tengo bastante retrasado. Un saludo.
Me encanto es muy claro y facil de llevar a la práctica, espero por más, muchas gracias, es muy bonito de tu parte que compartas con gente desconocida tus conocimientos y que lo hagas de forma tan clara y precisa.
Muchas gracias Danusa, espero pronto publicar más… dame unos poquitos días…